En la vida hay
ocasiones en las que todo sucede vertiginosamente deprisa. Ésta es una de
ellas. En apenas dos semanas, pasé de estar preparando mi décima Copa
Triangular de Vuelo Acrobático como responsable de puntuaciones, como parte del
equipo de tierra, a pasarme al colectivo de pilotos para volar en una
competición acrobática.
Lo que sucedió fue
que dicha CTVA, cuya segunda manga iba a celebrarse en el recientemente
reinaugurado aeródromo de La Seu (LESU), fue cancelada por no llegar a los
mínimos que se había propuesto la organización. Pero había otros compromisos,
como el adquirido por mi aeroclub con la entidad gestora de LESU, así que
aquello no podía cancelarse y se pidió la máxima implicación por parte de quien
pudiese participar o colaborar. Ya no era la CTVA, ahora pasaba a ser el II
Campeonato de Vuelo Acrobático de Catalunya.
Así que
tímidamente, levanté el dedo, preguntando primero. ¿Podía participar un
estudiante de piloto sin tener aún la licencia? La respuesta de la nueva
organización fue afirmativa. Aunque no tuviese el PPL y tampoco tuviese la
suelta en la Mudry CAP10B, ya había tomado parte en algunos entrenos y había
practicado las maniobras básicas, y eso sí, podía volar con instructor, que en
competición pasaba a ser lo que se suele llamar “piloto de seguridad”. Vamos,
que me había preocupado de mostrar interés.
Madre mía, que sí
puedo participar, pues ahí que voy, y no me lo acabo de creer aún. Me acababan
de dar la suelta en la Cessna 152, rondaban mis primeros vuelos en solitario,
preparando el triángulo, y ahora este nuevo reto. Me hacía ilusión. Muchísima.
Era como cumplir un sueño dentro del sueño. Me empecé a entrenar incluso en
varios simuladores, probando desde el mismo avión con X-Plane, cuy tacto no me
acababa de convencer, a algunos aviones de la Segunda Guerra Mundial en los
simuladores IL-2 Sturmovik 1946 e IL-2 Sturmovik Cliffs of Dover. Así me
aprendí el programa que iba a realizar, el de la categoría Elemental o Básico,
concretamente el siguiente:
Para quien lea
estas líneas y no esté familiarizado con el código Aresti, lo transcribo a
continuación:
Figura 1: empezando
viento en cola a 250 km/h, looping. Se carga +3G en el primer y último cuarto,
mientras que se relaja palanca en invertido hasta quedar a -1G.
Figura 2: ascenso a
45º, medido en actitud del avión, no en su trazada de vuelo.
Figura 3: viraje
acrobático de 180º, esto es, primero se alabea unos 60º, luego se tira a 2G sin
ascender ni descender, se detiene el viraje, y se deshacen los 60º de alabeo.
Figura 4: una
vuelta de barrena.
Figura 5: tonel.
Así de entrada, son
pocas figuras, pero la novedad de tener que ejecutarlas correctamente, el
vigilar la altura mínima, las velocidades, los factores de carga y evitar por
todos los medios los desvíos en cualquier eje, ya que 5º de desvío es un punto
menos en esa figura, ya suman un nivel de estrés adecuado para un principiante
como yo.
Entrenando en LEIG
Con el campeonato
en mente, el fin de semana anterior participé por segunda vez en un entreno de
los que la sección acrobática del Aeroclub organiza en LEIG a principios de
mes. Pero esta vez le puse todo mi empeño. Practiqué maniobra tras maniobra,
primero de forma aislada, luego todas juntas en el programa completo, en el
mismo vuelo. Lo que me salía, y un churro, eran cosas parecidas. Menudo
desastre, pues no me quedaba nada que aprender! Éste es el vídeo de aquel
entreno:
Bueno, ahora sabía
lo que me quedaba, así que analizando, resultaba que mi bestia negra no era la
barrena como pensaba, sino los toneles. En la CAP se tienen que currar mucho.
Sabía lo que había que hacer, pero no coordinaba los movimientos y los hacía
demasiado bruscos. En una corrección durante un tonel, el G-Meter llegó a
marcar -2G! Mi punto fuerte creía que era el viraje de 180º. Es una figura en
la que no por ser sencilla dejaba de prestar atención, y en la que gracias al
curso de jueces FAI al que había asistido hacía un año tenía muy claro lo que
había que hacer, especialmente el marcar los alabeos de forma diferenciada al
viraje en sí… y lo hacía, aún con ciertos vaivenes de altura durante el propio
viraje.
Hacia La Seu
Llegó el día. Cojo
el coche y subo a La Seu. Al llegar, me pongo el recién adquirido mono
acrobático, y la organización me pide que aunque ya no me encargue de las
puntuaciones, por lo menos les prepare la estructura de datos en el programa en
el que se registran las puntuaciones. Para hacer eso con calma, me instalé en
la torre de control de LESU, totalmente vacía.
En esas estoy, que
sucede un hecho singular. Olga, la mujer de mi instructor, sube a la torre y le
acompaña un chico de mi edad. Me lo presenta. Dice que es un aficionado al
vuelo virtual, un aerotranstornado. Hombre, otro como yo, ¿te gusta la
acrobacia?
-Sí, la hago en el
Flight Simulator.
-Hombre, pero quizá
no es el simulador más adecuado para eso, ¿no conoces IL-2 ni los simuladores
de combate?
-No bueno, pero
volamos en IVAO, y simulamos todos los procedimientos a rajatabla, y…
Madre mía, por un
momento le dejo que hable y me cuente lo que hace. Que utilice un simulador u otro
es lo de menos, el caso es que viéndole a él me veo a mí, en autopresentaciones
parecidas que tiempo atrás me hice a pilotos reales siendo yo sólo piloto
virtual. Cuánta pasión por la aviación… me estoy viendo a mi mismo en un
espejo, pero es otro el que habla. Me pongo otra vez en el papel del piloto
virtual que sigo siendo, para hablar de tú a tú.
Me acaba contando
cosas que hacen en su comunidad, ForoFS, de la que he oído hablar. Muy
interesante, aunque por el nivel de radicalismo de cada uno con lo suyo, la
conversación deriva en contarse cada uno lo suyo, pero de aquella manera que si
bien yo sí he entrado en IVAO y vuelo al FS, sólo lo hago para casos puntuales,
no como pilar principal y único en el mundo de la simulación. Para él no, sólo
hay una simulación: FS. Y aquello que no conoce es X-Plane, pero nada más.
Tenemos unas posturas demasiado alejadas en materia de simulación.
Al final me pide
permiso para hacerme fotos… ¿a mí? ¡Pero si ni siquiera tengo la licencia, y
además soy el último mono! ¡Que le haga fotos a Cástor Fantoba, Juan Velarde y
Anselmo Gámez que están aquí como jueces aunque son pilotos de categoría
Ilimitada! En fin, si le hace ilusión… el tipo se despide con la aparente
convicción de haber logrado algo, la confirmación de que los pilotos
acrobáticos utilizan simuladores de vuelo y a veces tocan el FS… No amigo, no
te confundas, para acrobacia lo que se utiliza es más bien IL-2… Finalmente se
despide, dice no querer molestarme más…
Cumplido mi
cometido con la base de datos del programa de puntuaciones, cedo temporalmente
mi Netbook a la organización. Grabo en vídeo la llegada del Sukhoi Su-29 y de
la Zlin Z-50 del Aeroclub, en perfecta formación, incluyendo una rotura a la
altura de torre.
Mientras todo lo
anterior sucedía, la CAP no ha dejado de volar; somos 4 los que competiremos
con ella, en las categorías de Básico y Deportivo. Sólo Javier Guevara en
Deportivo vuela solo, los demás no estamos sueltos ninguno y necesitamos piloto
de seguridad. Somos conscientes del tute que les espera a los instructores. Así
es como Alex Navarro, Santi Feced y yo nos turnaremos con los instructores Rafa
Molina (también mi instructor del PPL) y David Membrives. Éste último llegaría
a renunciar a competir en Avanzado para poder hacernos de piloto de seguridad,
un gesto altamente loable!
Como decía, la CAP
ha volado con casi todos… falto yo! A volar!
Salgo con Rafa.
Practicamos maniobras primero y el programa después. Alguno de los toneles
empieza a salir decente, pero sólo sale si me olvido de la secuencia de inputs
de control a realizar y me centro en rotar sobre un punto en el horizonte. No
menos importante es el hecho de que, al entrenar en la caja acrobática en la
que competiré, le voy tomando las medidas a ésta y voy cogiendo las referencias
en el terreno. El aterrizaje, el otro reto, resulta complicado, tanto por ser
la CAP10 y por tanto patín de cola, como por estar en LESU, con unas corrientes
de aire peculiares en una de las cabeceras, debido a la montaña que está pegada
a ella. Rafa me tiene que ayudar y hace la toma él casi completamente. Éste es
el vídeo de dicho vuelo:
Llega la tarde y me
voy a Port del Compte, donde Fabio, mi compañero de PPL, me aloja en casa de su
hermano. Le agradezco el detalle enormemente.
La hora de la
verdad
El sábado, muy
pronto por la mañana, Fabio y yo nos vamos hacia La Seu por una carretera de
curvas interminable.
Llegado al
aeródromo, no tardo mucho en volar un segundo entreno. Es mi cuarta vez
haciendo acrobacia con la CAP. Ahora vuelo con David. Empezamos con el
programa, pero no sé que me pasa que las figuras me salen tirando a mal, así
que terminamos machacando más figuras sueltas. Tras n repeticiones, vuelvo a
intuir cómo hacer mejor los toneles… olvidarme de pensar en pies y manos, y
simplemente hacer lo que tenga que hacer, lo que me pida el avión, para rotar alrededor
de un punto en el horizonte. Con eso consigo hacer algunos toneles con poco más
de 5º de desvío lateral al salir. Así salió aquello.
Tras este vuelo,
empiezo a estar muy nervioso, la tensión de la competición se apodera de mí. Sé
que puedo hacerlo, lo tengo en mi cabeza, pero allá arriba cometo errores y además
estúpidos.
Comemos. Briefing
oficial por parte del director de competición, Javier Marquerie, al estilo
CTVA. Alturas mínimas, procedimientos de radio y seguridad… Me toca volar a
primera hora de la tarde. Ahora sí, en competición. Esto va en serio.
Dándolo todo!
Empieza la
competición bajo un fuerte viento, aunque alineado con pista. Para aprovechar
el tiempo, se intercalan los participantes que vuelan en distintos modelos de
avión. Hay 4 aviones. Ya me mencionado a los tres del aeroclub, pero hay uno
más, uno al que todos se miran con cierta preocupación… el Acropirat de Juan
Socias. Toda una leyenda. Tras tenerse que vender el Su-26 “Tigre”, Juan
Socías, el mítico instructor de ULM de Mallorca, se ha construido él mismo un
avión acrobático totalmente metálico, a imagen y semejanza de la Z-50, pero…
con 200 kg de peso en vacío, hélice de madera de paso fijo, un motor Rotax de
80 cv y paracaídas pirotécnico. Ni siquiera ruge como un avión acrobático, pero
su vuelo en la categoría de intermedio maravilla a todos. Y lo mejor es que ha
venido en vuelo directamente desde Mallorca a La Seu!
Los jueces son 4,
los ilustres pilotos de la categoría Ilimitado Cástor Fantoba, Juan Velarde y
Anselmo Gámez, además de Eladi González, experimentado juez acrobático… pero
hasta ese momento en RC.
Le toca a Rafa
Molina, que vuela en la Z-50. Me llega el turno, me preparo en cabina, aún no
me sé atar los atalajes yo solo. Volaré con Membrives. Arrancamos y en rodaje
nos cruzamos con Rafa, que regresa. Saludo de cabina a cabina. Rodamos. Al
aire. David se limita a decirme que ya sé lo que tengo que hacer y que como
ahora ejerce de piloto de seguridad y no de instructor, no dirá nada, y sólo
intervendrá si pongo en peligro el avión con nosotros dentro.
Cástor, como juez
jefe, me llama por radio para confirmar que soy yo quien está en cabina. No sé
qué narices mascullo, si es que digo algo inteligible, el caso es que me
entiende, o quizá sólo le basta con reconocer mi voz.
Y dicho esto,
Membrives calla. Pero yo sigo hablando, como esperando aprobación.
-Me voy hacia el
valle a ascender por allí.
No dice nada.
-Ya tengo la altura
necesaria, entro en caja.
No dice nada.
-Voy a marcar
inicio de programa.
Silencio total.
Hago los tres
alabeos en descenso. Sigo descendiendo hasta que el anemómetro marca 250 km/h.
Nivelo. Aguardo unos instantes, veo La Seu por mi izquierda abajo. Aún no,
espero unos segundos y… loop! Tirón a 3G!
David no dice nada.
El silencio en cabina, inesperado para mí hasta este momento, me permite
concentrarme más. Hasta ahora, todos los vuelos de instrucción eran con
constantes inputs verbales y a veces de mando. Pero ahora tengo la sensación de
estar solo. Todo lo que hago sale de dentro de mí. Tirón arriba a 3G, gas a
fondo! Palanca adelante, intentando volar el loop. En la cúspide estoy viento
en contra, lo intento alargar pero una ligera falta de velocidad me hace
apuntar a tierra antes de lo que quería. Corto gas, no hay que pasarse de
vueltas! Vertical! Tirón progresivo a 3G, ahora! A nivel! Uno, dos, tirón ya! Gas
a fondo! Miro al lado, 45º… ya! Empujón súbito para detener rotación. Apuro el
ascenso, cuando me estoy quedando sin velocidad, golpecito adelante a la
palanca. A nivel. Inicialmente me quedo atrapado a escasa velocidad morro
arriba, pero ni asciendo ni desciendo. Bajo el morro poco a poco, ganando
velocidad. Estoy acelerando despacio, muy despacio. Vamos, vamos, necesito 150
km/h para poder virar! Ya llegan, ya llegan, alabeo… ya! 60º, stop! Brevísima
pausa, tirón a 2G! Miro de reojo el G-Meter y el altímetro. Vistazo a pista.
Detengo viraje… ya! Otra breve pausa, a nivel… ya! Corto gas, ahora! Altímetro,
altímetro, mantenerlo… Ya llega la barrena, voy levantando el morro… velocidad
120, 110, 100… luz de pérdida! Tirón y pie izquierdo… mierda! Qué es esta
porquería que me ha salido? El avión se encabrita perezosamente, aún tenía
velocidad! Bueno, ahora sí, pérdida y rotación, sigo con ella, un ojo a la
pista… media barrena… tres cuartos… salida, ya! Palanca adelante, pie derecho,
pero meto alerón sin querer. Aún miedoso de verme volando directo hacia el
suelo, aún sin estar a la vertical tiro de palanca y recupero suavemente,
todavía a gas cortado. A nivel… stop… ya! Gas a fondo y… tonel! Elijo un punto
en el horizonte y roto sobre él. Antes me han salido mejores, pero no llego a
desviarme tanto como al principio. Un segundo, dos y tres alabeos de saludo.
Uffff! Qué estrés! Respido hondo. Vamos a pista. David recupera el
habla. Me dice que muy bien y me guía hacia tierra. En final, el avión es mío,
y tanto la recogida como el touchdown siento que los hago yo con indicaciones
verbales suyas. Él acompaña la palanca suavemente, y en tierra siento una
enorme satisfacción, tanto por el vuelo que he hecho, como por este aterrizaje.
El vídeo del vuelo
da fe que David no tocó nada, aunque como buen piloto de seguridad, no perdía
de vista ni el anemómetro ni el tacómetro, ni desde luego la altitud:
Aparcamos al lado
de la Zlin. Ésta tiene la cúpula destrozada y una rueda pinchada. Parece que ha
habido un percance en tierra; se le rompió la cuerda de sujeción de la cúpula y
ésta se rompió al golpear el ala. El pinchazo… bueno, los percances nunca
vienen solos.
Me estoy
desabrochando los atalajes y nos rodean los compañeros de la sección. Recibo
felicitaciones. Nunca olvidaré a Xavi Olmo, un muy experimentado piloto apodado
“Ed Harris” por su parecido con el actor, de pie al lado del avión diciéndome
“Has volado muy bien, chico!”
Madre mía, qué
halago, no sé qué decir…
Cedo mi puesto a
los demás, no recuerdo si subió Santi o Alex a continuación, sólo sé que estaba
deshecho de nervios.
Pero no podía darme
tregua, el vuelo que acababa de hacer era el Q1 (programa conocido nº1). Me
faltaba el Q2, que para el caso, seria repetir el mismo una vez más.
Miro cómo vuelan.
Navarro pincha, creo que por exceso de nervios, y se desvía en alguna maniobra.
Quizá esté soplando más fuerte el viento, quién sabe. Feced vuela bien, pero
persiste en su manía de no marcar los tiempos del viraje de 180º. No le sé ver
ningún error más. Buena barrena, buen tonel.
Hablo con Fabio,
que ha estado al lado de los jueces sin perder detalle. Me insinúa que me han
puntuado bien. Le corto, no quiero escuchar nada, todavía queda un vuelo. Lo
hecho, hecho está, y ya se sabrán luego los resultados. Es curioso como me
encuentro reaccionando así a la mera sugerencia de decirme cómo me ha ido a
nivel de jueces; tanto tiempo en la CTVA siendo yo la primera persona de la
organización que sabía, tras procesar las puntuaciones, quién había ganado,
tantas reacciones distintas de los pilotos al ser informados de sus resultados
cuando todavía quedaban vuelos por hacer… desde el enfado por meterles presión,
al interés por cómo les ha ido, a la sorpresa por tener listas las puntuaciones
rápidamente, a la discreta espera hasta conocer los resultados finales… y
cuando me llega el turno de ser yo el evaluado, me inclino por esta última por
salirme de dentro el rechazo a saber resultados…
Así están las cosas
cuando a última hora de la tarde me toca volar. No dispongo de cámara, ya que
tenemos pocas ventosas de engache de la GoPro y en ese preciso instante no hay
ninguna disponible. Ahora vuelo con Rafa. El ocaso está lejos aún, pero las
sombras ya caen sobre los valles. Quizá eso, unido al silencio se Rafa, igual
que ha hecho Membrives en el vuelo anterior, me hacen caer en algo curioso que
me sucede en este vuelo… el hecho de estar arriba, a 5000 pies, dándome el sol,
y lanzarme abajo, hacia un valle oscuro, posiblemente me da respeto y no empujo
la palanca todo lo que debía. Realizo los saludos de inicio de programa, pero
después de hacerlos no estoy logrando la velocidad requerida para iniciar el
loop. Sólo 220 km/h. Nivelo. Dudo un instante.
No, si inicio el
loop la voy a liar parda y no quiero desplomarme sin velocidad en la cúspide. ¿Qué
opciones tengo?
Sólo una:
interrumpir el programa.
Recargado de
nervios, realizo 3 alabeos. Viraje a derecha ascendiendo a pleno gas. Menuda
cagada, esto me va a costar caro en las puntuaciones!
Rafa no dice
absolutamente nada. Por una vez, ahora soy yo el que no quiere que diga nada.
Ya bastante tengo con saber que la he cagado. Es lo que tiene la acrobacia,
cuando alguien la caga, lo sabe. Como dijo Neil Williams en su momento, a la
acrobacia no se la puede engañar. Nos estaríamos autoengañando si lo
hiciéramos.
Me recoloco para
entrar en caja. Esta vez, sin miedo, me lanzo hacia ese abismo oscuro del
valle. He empezado a la altura correcta y si gano la velocidad adecuada ya no
necesito picar más. Ahora sí. Inicio programa. Loop, parecido al
de antes, pero esta vez Rafa me corta gas, ya que he tardado en cortarlo yo y
me iba a pasar de vueltas. 45º, parecido. A nivel para iniciar viraje... me
quedo atrapado con el morro alto a poca velocidad. No acelera, le cuesta más
que antes. Me vienen a la cabeza las palabras de Jaime, mi primer instructor,
profesor de principios de vuelo… “Si quieres acelerar, baja el morro”. Eso
hago. Ahora sí, aunque pierdo algo de altura. Viraje, mejor que antes. Esto me
encanta! A la barrena, voy a esperar un poquito más, antes la he forzado
demasiado. Luz roja de pérdida, espero… hachazo, entra el avión él solo. Sí!
También recupero sin lograr la verticalidad, pero doy gas rápidamente e inicio
el tonel en el que apenas me he desviado ni 5º. Genial! Marco los saludos de
fin de programa mientras grito como un tenista exhausto.
Rafa abre la boca.
Como era de esperar, para devolverme a la realidad. Ha percibido que me notaba
tan cómo ya con el programa, que estaba entrando en euforia.
“Muy bien, pero
ahora tienes que aterrizar”.
Ja, casi nada! Me
autoobligo a olvidarme que esto es una competición. Por encima de todo está el
aterrizar. El viento está laminado y alineado. Hago una aproximación parecida a
la de antes, coloco el avión en posición recogiendo, lo dejo descender…
Touchown y control con los pedales aún patoso. En tierra todavía no le tengo el
tacto a este avión. Y es que sólo llevo 4 horas de vuelo con este avión. Menuda
locura, ¿qué hago yo con 4 horas de vuelo participando en un campeonato?
Bueno, aparcamos,
dejamos el avión repostado, ya está todo. Marquerie me aborda de camino a la
torre.
-“Pero porqué has
interrumpido al comenzar? ¿Qué ha pasado?”
-Sinceramente,
porque no tenía suficiente velocidad y me he bloqueado.
-“Bueno, hay
penalización por esto, pero los jueces lo están deliberando. Lo que has hecho
sólo sucedió una vez, fue Kirby Chambliss en un campeonato del mundo, que marcó
inicio de programa con los tres alabeos, entró en caja y… nada, alabeó otras
tres veces y volvió a empezar. No le descalificaron”.
Vaya, no soy el
único al que le ha pasado esto… En fin, ya veremos, esta interrupción me podría
costar cara en términos de puntuaciones…
Fabio me vuelve a
decir que he volado bien, e incluso me insinúa que podría haber ganado. Me
haría ilusión, pero no quiero saber nada hasta el momento de la entrega de trofeos.
Ahora ya no hay nervios, sólo quiero vivir este momento y pasarlo bien con los
compañeros, competición aparte. Por la noche hay cena de grupo al estilo CTVA,
y los que mañana no volaremos salimos de fiesta. Los que sí volarán se han
retirado pronto a dormir. Una de las lecciones de Vytas Lapenas sigue presente:
“No se puede ser búho de noche y águila de día!”.
Llega domingo, ya
no me toca volar, los de la categoría Básica ya volamos ayer, pero los de
Deportivo, Intermedio y avanzado siguen volando. Me dedico a observar sus
vuelos y echar un cable en lo que puedo. La curiosidad me mata terriblemente
acerca de cómo habremos quedado en mi categoría. Tengo la sensación que la cosa
está entre Feced y yo, pero que irá muy justo sea cual sea el resultado.
Resisto a la tentación de echarle un vistazo al Pc de puntuaciones, prefiero
esperar a la entrega de trofeos.
Los vuelos se van
sucediendo hoy sin contratiempos, la Z-50 fue reparada rápidamente ayer, siendo
sustituida su cúpula por la de otra Zeta que no está en vuelo. Como anécdota,
dicha cúpula la trajo una Cessna 182 que vino expresamente desde LELL con el
jefe de instructores a los mandos.
Incluso el
Acropirat tiene el motor bien afinado tras ciertas reparaciones que duraron
todo el día de ayer. Es momento de hablar, compartir experiencias y disfrutar
del espectáculo. Un campeonato de acrobacia no es una exhibición aérea, los
aviones suelen competir sin humo acrobático y a cierta altitud de seguridad,
pero el más leve error de cada piloto es perfectamente visible por todos.
Antes de comer,
llega el momento, la entrega de trofeos. Javier Marquerie hace de maestro de
ceremonias, le gusta darle emoción a las entregas de premios y lo hace muy
bien. Empieza por mi categoría, primero entrega el tercer puesto… Alex Navarro.
Luego nos mira a Feced y a mí mientras habla…
-“Y ahora, con una
diferencia de un 1% entre ambos…”
-Joder, qué justo!
-Pienso
“…el segundo es…”
-Tengo un gusano en
el estómago… ay madre…
-“Santi Feced!”
Ostiaaa!!! Entonces
he ganado! No me lo puedo creer! Con toda la alegría del mundo, pero con respeto
por el adversario ante todo, recojo la copa, la más grande que me haya ganado
nunca. Le tiendo la mano a Feced, qué justo! Sólo un 1%!
Más tarde me
intereso por las hojas de puntuaciones, de media entre los dos programas tengo
un 66%, contando la penalización por interrupción del segundo programa, y una
salida de caja acrobática al irme demasiado lejos a buscar la barrena. Porque
he volado poniendo los cinco sentidos en ello, sino…
Hay un segundo
ránking, es el de todos los pilotos sin importar la categoría, ordenados por el
porcentaje que ha conseguido cada uno. Aquí quedo exactamente en la mitad de la
tabla, no puedo quejarme!
Casi pienso que no
es justo, que soy el último en llegar y apenas con 5 horas no me merezco estos
resultados, pero la verdad es que en gran parte los instructores han hecho un
gran trabajo conmigo, y, estoy seguro, el entrenar en varios simuladores habrá
ayudado en algo…
Me siento en deuda,
los pilotos de seguridad, instructores, compañeros, organización… Nos
volveremos a ver en la Copa Triangular de Vuelo Acrobático en Octubre de 2011,
en Santa Cilia, Jaca. Los mismos competidores en Básico. Los mismos compañeros
en las otras categorías. Va a ser divertido… hay que seguir entrenando!
Oh, sí, y acabar de
sacarme el PPL cuanto antes! :)